domingo, 20 de septiembre de 2009

El cuarto

Giro el pomo de la puerta, despacio, con el menor ruido posible. Por apenas una rendija cuelo el brazo, busco a tiendas el botón que hace nacer la luz. Me asomo y busco en el lavabo, por el suelo, junto al bote. Mis ojos recorren cada rincón, pero no encuentran a la hija de puta, que a saber de donde sale, la cabrona. Sólo vive para meterme sustos de muerte. Pero como la pesque, ¡conocerá mi zapato! Nada. Apago la luz, cierro la puerta, con la jerga cubro cualquier resquicio. Hoy se duerme tranquilo. No hay cucarachas.

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