lunes, 30 de noviembre de 2009

¡Y dios te castigará!

Yo pensé que hoy sería otro día caracolístico común. En esas estaba cuando llegó una señora a lavar. Me acuerdo de ella por que la primera vez que dejó ropa traía unos cojines, Yo le dije que los metiera a la grande para que no se rompieran, (la lavadora grande no tiene aspas y no rompe las cosas), pero no, necia, que en la chica se le lavaban bien. Pues jaló el aspa el cojín y lo rompió. Así que cada vez que vuelve y lleva cojines me pide que no se los vaya a romper, ¡como si yo no le hubiera advertido!

Ya estaba yo en mi escritorio anotándole las lavadoras cuando la saludó otra clienta y se pusieron a platicar. Ya me había dado la ropa pero no el jabón y no sabía si me tocaba ponerlo o ella lo dejaba. Estaban sentadas en una banca al lado mío así que me incliné y miré, tenía una bolsa con jabón a los pies. Platicó para arriba y para abajo con la otra clienta. Ya se iba cuando le pregunté si me trajo jabón, lo sacó de la bolsa y me lo enseñó. Lo volvió a poner dentro de la bolsa y la dejó en una lavadora, junto a su ropa.

Le puse dos lavadoras. Le ponía suavitel a una cuando volvió. Que había dejado el monedero en la bolsa. Pues allí debe estar, le dije yo. Había sacado el jabón sin fijarme si había algo más. Revisó la bolsa y no. Empezó a increparme que dónde estaba su monedero, que por qué había sacado las cosas, si allí estaba el monedero, y si allí estaba, yo debía tenerlo. Yo alcé mi cejita. Le lavaba la ropa, qué quería que usara ¿jabón invisible? Yo no tenía su monedero, se lo dije. Pero ella dale y duro con que lo dejó allí. Que traía 170 pesos.

Ella seguía con su discurso y agregó además que yo le estaba diciendo loca, (y ella no era ninguna loca), por que, según yo, no estaba allí el monedero cuando ella estaba segura que sí. Encima de acusarme de ratera y mentirosa, ponía en mi boca palabras que no usé. Incluso me dijo que la mirara a los ojos a ver si le decía la verdad. Que no fuera así, que dios me castigaría. Que el dinero ni siquiera me rendiría. Ya empezaba yo a mosquearme cuando amenazó con que tendría que hablar con mi jefa. De una vez, dije yo, y llamé a mi jefa.

Vino mi jefa y dale con la cantaleta. Que ella lo echó a la bolsa y que no hizo nada más, que allí debía estar. Yo le dije que no, que ella sacó el jabón para enseñármelo y lo volvió a meter. Cambió entonces la historia, que ella dejó la bolsa en el escritorio cuando conversaba con la otra clienta, y que seguro allí lo se lo robé. ¡Mentía con todos sus dientes! La bolsa estuvo a sus pies todo el tiempo. Me hacía parecer no sólo ratera, si no muy hábil por que para sacárselo de la bolsa estando ella a mi lado... Le dije otra vez que no, y le dije donde tuvo la bolsa. Mi jefa le dijo que por otras personas no respondía pero que por mí sí, que yo era una persona honesta y ella metía las manos al fuego por mí. Que ella caía en contradicciones y que a lo mejor no estaba en lo cierto. A tanto insistir e insistir mi jefa la convenció de que fuera a su casa y revisara, que esperaría a que volviera. Se fue, no muy convencida, ¬¬ y volvió a las tantas con el monedero. ¡Ay, disculpa!

¬¬ disculpa, disculpa, vieja cabrona. Pero que chula mi jefa que responde por mí *-*

3 comentarios:

Aelo dijo...

Que chula tu jefa... ¡qué muera la clienta! ¬¬

Janendra Cien Pájaros dijo...

¬O¬ ¡¡¡que muera!!!

白鬼 光 dijo...

Qué linda tu jefa. Pero se nota que esa confianza te la has ganado amix. Enhorabuena.

En cuanto a la clienta que te acusó de ratera... no entiendo cómo esa gente mojigata se llena la boca de Dios y de castigo cuando el Dios católico hablaba de amor y de tolerancia con el prójimo... pero ya ve el tiro le salió por la culata ==U... aunque dudo mucho que reflexione al respecto.
El horror de los trabajos de atención a los clientes es que de vez en cuando te vas a encontrar a gente así, ni modo.