martes, 1 de diciembre de 2009

Ni una lágrima

La navaja entra en la piel. Lenta, sinuosa, la serpiente recorre los caminos de la vida. Deja tras de sí el fuego que permite respirar. Canto carmesí escurre por el brazo.

Sangre del reino de mis sueños.
Sangre
mana de los demonios de carne y dolor.
Sangre
que se convierta en el llanto que yo mantendré prisionero.