martes, 27 de mayo de 2014

¡Y zas! Soy Janendra y escribo ukes mariposas.

Allí va uno por la vida creyendo, porque crees, que escribes personajes masculinos creíbles y un buen día te topas con la realidad: Escribo ukes mariposas. Lindos, suaves, dulces, andróginos. ¡Nenazas!

Debería intentar escribir personajes masculinos realmente creíbles, pero no T-T me gustan los ukes mariposas y los semes semes que los acompañan. Y bueno los ukes mariposas son preciosos, tan andróginos, dulces y lindos. Y necesitas un seme muy seme para que se luzca un uke mariposa y una realidad alada que los sostenga a ambos. Y los semes semes me chiflan, son tan masculinos y protectores y *suspiro*.


 Lágrimas y pancitas
—Un millón uno, un millón dos.
 

La voz cansada, adormecida, adivinó Lucius, le llegó desde la mazmorra donde Severus daba sus clases. Ahí estaba su dolor de cabeza, aburrido, sentado frente a un escritorio. Deshojaba dientes de león, los contaba uno a uno y echaba las diminutas hojitas en un cesto.http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=42634



 Unión
—Por favor, por favor —suplicó, sostenía la dorada snitch cerca de sus labios—. Vuela de nuevo.

La snitch seguía en su mano, Harry suspiró al verla inmóvil. La pérdida se sentía profunda y dolorosa. No quería verla así y aceptar que Hermione dejó de quererlo desde hacía dos años. La acercó a su pecho y le compartió algo del afecto que él sentía por Hermione. Escuchó un suave aleteo. Miró la snitch, las alas se movían.

Levantó la mirada al oír pisadas que se acercaban. Se puso en pie. El hombre arrogante y el hombre rubio. Harry miraba lejos de ellos. La mano derecha estaba doblada por el codo. El puño abierto a medias para la snitch que agitaba las alas. A su alrededor caían los copos de nieve. La luz de la luna destellaba en los ojos verdes. Una sonrisa placida en el rostro del chico.

—Me disculpo —dijo Sirius—. Lo que dije estuvo mal.

—Ya no importa —sonrió Harry. Abrió la mano, la dorada snitch agitó las alas y alzó el vuelo. Volaba en torno al chico, y se acercaba con suavidad a su rostro como si le diera pequeños besos. Harry rio. A Draco le pareció que era el muchacho más hermoso que vio en su vida.

http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=42864&chapter=1

Paroles
Kurama siente que se queda sin aire. Frente a él, vestido con una bata azul decorada con tiernos conejos de ojos brillantes, está Hiei. Se pasa la lengua por los labios que encuentra repentinamente secos. Recorre a Hiei de arriba a abajo. Si antes se veía de trece años ahora parece de dieciséis. Reconoce fascinado que ha estirado un poco, a duras penas le llega al hombro.

—¡Nooo veaaat a mi maeshtrooo! —gruñe Hanako y consigue soltarse de su agarre para correr a los brazos de Hiei—. ¡Et mi novio! 


Hiei levanta a la niña. La mira a los ojos para no pensar en el hombre que tiene enfrente.

—Hiei —llama Kurama y se acerca un paso, mismo que el maestro retrocede.

—¡Lo atutat a mi novio! ¡Kurama malo!

—Kurama no me asusta —dice Hiei con una naturalidad que le parece por completo anormal. El Hiei que él conoce no soporta a los niños—. Tu hija es linda.

Kurama piensa que si la mandíbula se le desencajara del susto y la impresión estaría en el piso y no podría recogerla. Se acerca otro paso y ésta vez Hiei no retrocede, alza la mano para tocarlo, para comprobar que está ahí. Hiei esquiva su mirada, no alcanza a rozarle la mejilla cuando un intenso rojo cubre el rostro delicioso. Kurama siente deseos de reírse a carcajadas, eufórico y asustado, no puede creerlo, ¡es Hiei! 

http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=15495&chapter=1


Canción de cuna
Gil-galad se sacudió el polvo de la capa. Echó hacia atrás su cabello negro. Por impulso se llevó la mano a la tira de mithril. Era un rey y estaba nervioso como chiquillo. Del salón le llegaba la voz hermosa de Aranwë.

—No vendrá.

—Vendrá, lo prometió —y de Thranduil.

Empujó la puerta. Al fin elfos, ninguno se volvió a mirarlo. Thranduil de pie ante un ventanal oteaba la distancia. Aranwë sentado en los escalones del trono con un bebé en brazos. Gil-galad no pudo dar un paso más. Aranwë, el cabello sujeto por una tiara de plata y gemas. El vestido larguísimo que se extendía por el suelo como una cascada. Se quedó inmóvil concentrado en la risa del bebé; en la voz preciosa de Aranwë, en el arrullo murmurado entre los labios tersos. Aranwë, con un hijo que no era suyo.

—Gil-galad.

Odió la breve sonrisa en los labios de Thranduil. La pícara mirada de Aranwë.

—Soy un elfo de palabra, Thranduil.

Aranwë recostó al bebé sobre sus piernas, lo besó.

—¡Tendrás padrino, chiquito! —festejó, con esa impertinencia tan propia—. Llega tarde, pero de algo a nada.

Gil-galad frunció el ceño. Cruzó los brazos sobre su pecho adornado con collares de guerra.

—¿Le pegaste?

—Hasta que lloró.

Aranwë torció la boca. Los miró resentido. Masculló algo que Gil-galad no entendió, por la risa, Thranduil sabía a la perfección que era.

—Debería pegarte otra vez.

—Atrévete —siseó Aranwë enojado.

Gil-galad dejó de sonreír. Desde aquel lejano día, peleaba así con el recuerdo necio de Aranwë...


*************************************** 


El columpio se balanceaba perezoso. Los rayos escarlatas se difuminaban en el cabello rubio, en la blanca piel. Brillos de sol nacían en los ojos de Legolas. Los pies desnudos rozaban la hierba. Los pájaros volvían a sus nidos. Los grillos cantaban bajo las piedras.
—¿Por qué lloras? —se preguntó a sí mismo.
No podía controlarlo. Cada vez que veía a Gil-galad, cuando lo escuchaba abrir la puerta o bostezar por las mañanas, rompía a llorar. No soportaba tenerlo cerca y se sentía culpable. Gil-galad se mostraba considerado. Le hablaba con cuidado. Lo abrazaba fuerte cuando necesitaba consuelo.
—¿Qué me pasa?
Se odiaba por llorar como un tonto, por no encontrar la fuerza para responder a las atenciones de su marido. Tenía miedo. Un horrible temor de que Gil-galad se cansara de ser considerado y volviera a ser el elfo cruel que humilló a Thranduil.
Se llevó una mano al vientre abultado. Un suspiro estremeció su cuerpo. La hojita estaba inquieta. Pasó la tarde pateándolo y no hallaba la forma de calmarlo. Balanceó el columpio con poco ánimo. El murmullo quejumbroso de la cuerda llenó sus oídos.
—¿Por qué lloras?
Legolas se volvió sobresaltado, absorto en sus pensamientos no lo escuchó acercarse. Gil-galad lo miraba con el ceño fruncido. Traía en las manos un plato con pastel. Los ojos de Legolas se llenaron de más lágrimas, su barbilla tembló sin control y hundió la cara en sus manos.
—Legolas.
Gil-galad dejó el plato en el pasto, se sentó en el columpio y atrajo a Legolas en un abrazó protector.
—¿Qué tienes? ¿Te duele algo? ¿Quieres ver a tu atar?
Legolas negó. Lloraba con la respiración entrecortada. Lo escuchaba a él en la voz de Gil-galad, lo veía en sus ojos, lo sentía en su cuerpo. No era él y Legolas quería que lo fuera. Un deseo incontrolable de pegarle se desató en su estómago. Lo abrazó, con una angustia desesperada. Lo necesitaba, cada pequeño toque, cada caricia por mínima que fuera.
—Esto tampoco es lo que deseaba en mi vida —suspiró Gil-galad—. Un elfito chillón, que no se puede bañar solo porque le estorba la panza.
Gil-galad se río contra la piel sensible de su hombro. Legolas tragó lo que podía ser un sollozo o una risa. Después de un rato el llanto se desdibujó en breves suspiros...

http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=5149


Sip, mariposas todos ellos <.< No hay duda alguna.

No hay comentarios: